CELESTÓN

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Sonograma


HÁBITAT


ESTATUS

TAMAÑO

PRESENCIA

RP

18 cm.

BC

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ORIGEN


ORDEN Passeriformes

FAMILIA

Thraupidae
NOMBRE CIENTÍFICO Thraupis sayaca

 





REPRODUCCIÓN

ÉPOCA De setiembre a enero
TIPO DE REPRODUCCIÓN Monogamia
DIMORFISMO SEXUAL ADULTOS No existe
PAREJA PERMANENTE  
HEMBRA  
MACHO  
RITUAL DE APAREAMIENTO  
NIDO POSICIÓN Mediana a muy alta en las las zonas periféricas del árbol
NIDO ZONA Montes naturales, praderas con árboles, parques en las ciudades
NIDO MATERIALES Fibras vegetales tapizado internamente por crines
NIDO FORMA Taza muy profunda y elaborada
HUEVOS NÚMERO 3
HUEVOS INCUBACIÓN  
HUEVOS CARACTERÍSTICAS Crema con manchas pardas en toda la superficie
PICHÓN TIPO Nidícolas
PICHÓN CON LOS PADRES  

Leyenda del Chogüí (Celestón)

 

Cuenta la leyenda que...En una humilde vivienda campestre, rodeada por árboles y ríos, vivía una india guaraní con su pequeño. Era joven bella y, con esa belleza tan natural y a la vez especial de rasgos indígenas, pero a pesar de eso, la mujer sólo tuvo ese hijo, por lo que el niño creció en la soledad, sin nadie con quien jugar.

 
Mientras la madre realizaba los quehaceres de la casa o se iba a cultivar la tierra, el niño jugaba únicamente con los animales que criaba su madre o se internaba entre los árboles en busca de frutas. La madre le advertía siempre antes de irse: "No quiero que salgas de la casa, puede venir un animal salvaje y hacerte daño"

 
El niño lo prometía, pero atraído por los sonidos del bosque o empujado por la soledad en que se encontraba, solía olvidar la promesa. Muchas veces llegó la joven madre a casa cuando ya el sol se había hundido en el fondo de la tierra y no encontró a su pequeño; desesperada se internaba en el bosque gritándole para que volviera. Al principio le imponía castigos menores, pero fue perdiendo la paciencia y terminó pegándole fuerte con las ramas de los arbustos.

 
En ocasiones , el castigo fue demasiado duro y el pequeñín se vio impedido de abandonar la improvisada cama de pajas. Allí permanecía bocarriba, sin poder jugar, aburrido y deseoso de regresar al bosque. Se propuso, para el futuro, volver a casa cada día antes de que su madre retornara. Así lo hizo durante mucho tiempo, le aterraba la idea de verse de nuevo castigado de aquella forma brutal.

 
Subía hasta las alturas de los árboles para agarrar las frutas, aunque siempre llevaba al menos una naranja, que era su fruto preferido y que tan deliciosamente saboreaba. Le gustaba también, verse confundido con los pájaros y mariposas que revoloteaban en los ramajes. También admiraba las tardes cuando el sol estaba a punto de perderse más allá del bosque, se ponía a contemplar las bandadas de aves que emprendían vuelo en busca de lugar seguro para pasar la noche, entonces su corazón se llenaba de nostalgia. Hubiera querido ser una de ellas, y volar libremente sin que la presencia de la madre limitara su tiempo.

 
No podía comprender por qué no era dueño de aquel espacio libre del que disfrutaban los pájaros. Con frecuencia, se sentía de especie inferior, la más desdichada del bosque. Pero un día se entretuvo mirando cómo una bandadas de pájaros choguís se elevaban buscando el cielo y luego bajaban haciendo parábolas, como si se fuera a enterrar con el sol en la tierra. A ratos, miraba desde arriba, desde la copa del árbol donde se encontraba, para ver si su madre se acercaba al rancho; podía ver desde allí la vereda por donde, presumiblemente, aparecería ella.

 
Calculó que bajando rápido le quedaría tiempo para llegar antes a casa, y siguió allí, contemplando el vuelo de las aves. Miró hacia el cielo, que empezaba a llenarse de estrellas y pensó, mientras suspiraba con tristeza: si tuviera alas volaría hasta allí.
En esas meditaciones se encontraba cuando le llegó de pronto el grito de su madre, que había llegado a casa sin que él la hubiese visto. Sobresaltado, trató de descender, pero sus pies perdieron apoyó y cayó pesadamente desde las alturas.

 
La madre no pudo escuchar el único quejido de su hijo. Justo en el momento en que sus ojos se cerraron definitivamente, su cuerpo se fue transformando, y tomó la figura de un pájaro choguí. Sobre la cabeza de la india pasó volando y cantando para meterse entre la bandada.

 
Según cuenta la leyenda, aquel niño guaraní, convertido en pajaro choguí, cada día vuelve a los alrededores de su casa, y mientras la madre va y viene de la estancia al rancho, él canta y picotea las naranjas, que por siempre ha sido su fruta preferida... •
 

Escuchar la canción

    Cuenta la leyenda
que en un árbol se encontraba
encaramado
un indiecito guaraní.
Que sobresaltado
por el grito de su madre
perdió apoyo, y, cayendo se murió.
Y que entre los brazos maternales
por extraño sortilegio
en chogüí se convirtió.

Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí
qué lindo está mirando acá.
Mirando allá, volando se alejó.
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí
qué lindo es, qué lindo va
perdiéndose en el cielo azul turquí.

Y desde aquel día
se recuerda al indiecito
cuando se oye, como un eco, a los chogüí;
es el canto alegre y bullanguero
del precioso naranjero
que repite su cantar;
canta y picotea la naranja
que es su fruta preferida,
repitiendo sin cesar:
Chogúi, chogüí, chogüí, chogüí...